Recorrí tu cama, recorrí tus besos y luego bailábamos, desnudos ante una luna llena celosa de nuestra liberación. Viajábamos de puerto a puerto, sin miedo a las corrientes.
Y ahí pasábamos los meses, olvidándonos del río, olvidábamos el corazón, dejábamos guardados sentimientos en un cajón.
Y hoy te vi en mi sueño, alejándote con dos remos prestados, ya no mirabas atrás, no entendías que mi corazón iba en tu bote.
Y cada noche, cada cama, me engañaba con la misma ilusión: que al despertar fueras tú a mi lado y siguiéramos jugando con corazones día a día.
Y cada noche, cada luna, te buscaba entre espejos, para descubrir que seguía siendo yo el que estaba perdido, para entender que estabas aún lejos.
Así que emprendí una búsqueda, parando en todos los puertos, tratando de alcanzar tu viaje, tratando de mantener la ilusión de regresarte a mis brazos.
Partí de cada lugar, de cada cama, con una nueva historia, con otra excusa más para encontrarte y mientras tanto dejaba halos de soledades, tristezas reunidas.
En mi viaje jugaba el mismo juego de desapego, de olvidarme en otras personas, de mirarme a un espejo pensando que yo era ella, pero el reflejo no era el tuyo ni el nuestro.
Y cada noche, cada cama, me engañaba con la misma ilusión: que al despertar fueras tú a mi lado y siguiéramos jugando con corazones día a día.
Y cada noche, cada luna, te buscaba entre espejos, para descubrir que seguía siendo yo el que estaba perdido, para entender que estabas aún lejos.
Perdí mi corazón en un río, perdí en el juego contra ti, sólo finjo que te olvido, sólo pretendo haber dejado, mi corazón en una balsa.
Te encontré varada en el primer puerto que nos conocimos, no me reconociste, ni mi reflejo en el espejo, ni mi beso en tu mejilla.
Ahí estaba el cajón en donde habías escondido mi corazón,y ahí estabas tu, reflejándote en otros brazos, viajando hacia otros caminos.
Cuando abrí la caja, el espejo me reflejó vacío, no te vi a ti o a mí, sólo los miles de pedazos que fui dejando en cada puerto, con alguien más, que no eras tu.
Y así regresé a cada puerto, a cada cama, buscando un trozo de corazón, que perdí en un juego, que dejé en un cajón, debajo de alguna almohada, entre sábanas y besos.
Y cada noche, cada luna, te buscaba entre espejos, para descubrir que seguía siendo yo el que estaba perdido, para entender que estabas aún lejos.
Perdí mi corazón en un río, lo perdí en varios puertos, fingiendo que no lo siento, pretendiendo haber dejado mi corazón en una balsa.