Tomé mi portafolio para volver a repasar el discurso del presidente y dejar afinados los detalles. No me gustaba dejar ninguna palabra al azar. Era la primera vez que mi hermano me acompañaba a una presentación pública. A pesar de que él estaba tomando un enfoque más hacia la psicología me sentía con la responsabilidad de mostrarle cuánto del partido habíamos podido construir desde el área de comunicación. Este viaje le serviría como créditos para la universidad. Necesitaba elegir a qué rama del partido iba a pertenecer y, a falta de un padre, era la obligación del hermano mayor dotarle de las posibilidades que ofrecía el sistema. Mientras Gabriela veía el despliegue del operativo a través de la ventana, seguía observando mis movimientos con cuidado.
-Siempre te obsesionas por estas cosas, lo has revisado desde que salimos del DF, creo que es suficiente con lo que has escrito.
-Tu siempre eestás obsesionada con la seguirdad, incluso en un pueblo en donde no hay ningun tipo de agresión desde hace más de veinte años.
-De que haga bien mi trabajo dependen las vidas de varios funcionarios. Respondió elevando la voz.
-Y de mi trabajo depende el que tu no tengas trabajo. No es fácil mantener a una población tranquila sólo con palabras.
Viajar con Gabriela era siempre un reto, parecía que nunca estaba conforme con su trabajo, a pesar de ello, era la mejor agente que tenía el buró. Lo único que le impedía ser la enconrgada de la seguridad era su corta edad. Ambos habíamos llegado a la cúspide de nuestra carrera muy rápido, quizá demasiado, no habíamos cumplido treinta aún y realizábamos las funciones que a otras personas les llevaba toda una vida de carrera alcanzar. Es por ello que nos identificábamos, sabíamos lo que pensaban de nosotros y las envídias dentro de nuestro grupo de colaboradores. Sí, teníamos personalidades muy distintas, pero, en el fondo, comprendíamos el sacrificio que nos había tomado tener nuestros puestos.